Justo antes de enmendar camino y que todo aquello que en mi alma llevaba construido redujera en polvo friso una luz en mis instintos haciéndome escribir:
I
Luz antigua que envenena
Los caminos de tierra y
Arena, cáliz de vidrio, huye
De mí que puedo llevarte
En mi maleta.
II
Que símbolo mágico tienes
Grabado en la cabeza, mujer de mente
Exegeta que hundes tu mirada en
Los poderes sobrenaturales de
Mi almohada sin mutar siquiera.
III
Sorna, de mí y de la injusticia
Que retorna bermeja como
Crítica de mi optimismo a cuestas.
IV
Ruido, ruido incestuoso
Que reseca las paredes y
Las puertas sin descanso,
No hay descanso ni pregunta
Si te acercas.
V
Mal de alma y cuerpo y
De odio que penetra en seco
sobre la buena voluntad como
espada sin balanza.
VI
Decurso, descenso de estelas
Y tregua sobre la guerra viral
Que asecha al hombre, vaticinio
de la muerte, pasmosa, voraz y
simétrica con los que menos tienen.
VII
Retrato, de mí y de mi padre omniausente,
Lejano a mi, lejano de calma y de aliento,
Solo en sangre, y la sangre llama
y se derrama en más sangre sin efecto sano
Ni palabras, rúbrica de mí, olla tallada
De manos y tizne, olvidada.
VIII
Hombre de tierra y arbusto
Que soy, que intento ser
En las tardes de tierra húmeda
Y, sin duda, sujeto con cierta humildad
La llave de mi selva de cristal que
Guardo en una caja de concreto
Posada sobre mis espaldas.
IX
Busco la espada en la piedra
Y la reminiscencia feliz que
Encaje en el pergeño de mis
años inmediatos devastada.
X
Una sonrisa singular,
De paisajes fríos y agua de hielo
De la vida subversiva
Que es sobrevivir, fibra colorida
Que hay en el cabello de mujer.
XI
Fibra colorida de cabello negro
De mujer y de ese ser,
Pequeño saltimbanqui que amanecerá
En un día de otoño
Dormido entre nosotros dos
Tejiendo la distanciaz<.>
XII
Sombra ocre, hace mas frío
A la luz, y tiembla a la sombra,
Luna brava que acelera los latidos
XIII
Un poeta ajeno a lo real y lo desconocido,
oculto del sol y la mengua de la nada,
voz callada en el tórrido zumbido,
profeta de arrabal y de abolengo,
eco de cuevas,
sólido y despavorido.
XIV
Ella esta a brazos de mí,
Yo a kilómetros de ella,
No tiene entre sus venas la mínima pasión
Para decir adiós,
Veo en su partida el sortilegio
De lo que será,
¡Cuanto hay en mí de amor y de fracaso!
XV
Doy gracias por tus brazos,
Eternos y mancomunados,
Soy secuela exacta de todos tus impulsos,
de las historias de amor que
se saben largas y punzantes,
semejante sufrimiento el mío,
¡el amor es mezcolanza!
Siempre Victima de dos.