EN UNA MAÑANA DE ABRIL…
El silencio de mi corazón
Que aun despierto
Se defiende altivo.
La justa cerrazón matrimonial
De la injusticia tribulada.
Son muertes ajenas
Lo que despide el destino del hombre,
no son finanzas ni la espera
De la luna llena,
En mi se vierten serenos
Los llantos del artista incomprendido
Y las esperanzas que se sufren.
Soy un trozo de alambre recocido,
Una estrella lejana manejada
Al arbitrio en la arrogancia,
Con la voluntad de cuero para amarla.
¡Qué sería de mí!
Sin esa voz discreta que me dicta,
remanso de aguas turbulentas.
Sin el latido de vivir
¡Que sería de mi!,
Sin la sonrisa burlona
De una niña inocente que seria de mi,
Que seria del presente
Sin la furia pasional de lo que fueron antes,
Antes de todas las edades
Devastadas por el hambre,
Antes de estas sociedades
Derramadas como amantes
Que se funden sin amarse,
¡Qué tristeza, que derroche,
¡ tanto lastre!
Canto mi alabanza a la aurora matutina
Que me da de su esperanza
Si me miro desde ayer entre
Los hombres que son espejos,
Y damas que son ventanas
Que se abren para recobrar aliento.
Llamo a convertir en mito
Al que se esfuerza y trabaja,
Al que suda con el tiempo
Las palabras.
Soy artista, soy juglar,
Varón de la alharaca,
Víctima de la mejor tertulia,
Prófugo de la poesía escuálida.
Soy una sensación de dolor
En plena madrugada,
Hermano de otras muertes
Y otros dolores,
Del dolor del cáncer de amor.
Si a cada hombre de dolor sufriera
Con la pena ajena,
Si por cada vida que destruye
Jirones de la suya misma recogiera
Se empeñaría la razón en abrazar
en versos delicados
a las flores,
flores en música labradas.
Me duelen las manos,
todas las extremidades,
Sufre en mi corazón
cada lagrima de sangre,
sufre en la avaricia,
la avaricia que ignora
a los que mueren de hambre,
a los que tienen frío.
Vaya mi llanto
Y una ofrenda de colores
Para aquel que enfermo disminuye,
Vayan mis notas de guitarra
Para aquellos que ahora cautivos
De la soledad o la mano del hombre
Se preguntan si será este un nuevo día.
Vaya el abrazo de todo mi ser
A los niños que laten
En el vientre de una madre,
Vaya esta poesía que germina
Que se mueve y desespera
En la emoción fecunda
De escribir una mañana de abril
La brisa matutina que me embriaga.
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