miércoles, 27 de julio de 2011

COMPÁS 

Puedo ser de ti una ilusión fallida  sin recelo y puedo ser arena
desastrosa que estalla en los relojes mudos indefensa.
Puedo ser canción acompasada  que se mece en tus oídos,
pero nunca en tu memoria, escúchame en el bullicio lleno de gritos.
Si fuese poema el cantautor me habría escrito en una noche de tangos,
de tango nací.
Anda, que Gardel si me conmueve. 
Dime tú y háblame de notas, no de gritos,
de voces que nadie entiende y de lenguas, bailemos, ¿Puedes?
que la gente al contemplar dirá que estamos locos.
Tu rostro gentil me dará la bienvenida  y me tomará de la mano en lo alto
con una risa.
La niebla me será ajena tanto como el cuerpo en las noches de lluvia.
Soy un caballero que se bate en hambre por la sensación
fatal de tus caricias, nadie como tú.
Estamos mirando el uno dentro del otro 
con una mirada de primera vez.
Yo, cortés como nunca, tú hermosa como siempre,
seremos la dicha que pueda gritarse,
yo solo acierto a decir te quiero, tú solo me observas y sentencias;
dígame en verdad, no me mienta usted.
Quiero escuchar dentro de mí, suenas a violín,
y hay en mi memoria un bosquejo a mano alzada de tu voz,
suenas a grito ensordecido y suave, dulce violonchelo.
  
No me hable despacio ni abuse usted de mí, que con un esfuerzo suyo
se duplicarían mis cantos.
Saca tu mano de mí que detrás del hombre se  saltar el alba,
no debe serte extraño.
Así seremos nosotros a través de los años,
luz que baña los techos de madera, flaca y extendida.




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