El viento y el donaire se respiran
siempre sobre el árbol adusto de mis patios,
algo ocurrió en el momento,
una fricción de luz incandescente.
Mis párpados se abrieron
buscando el día, era ya de noche
y sentimos miedo, cuerpo y alma.
Estaban mis párpados cerrados
y tú en ellos pintada de acuarela.
te va mejor el tono oscuro,
aduje, sin saber lo que decía.
Al despertar se entreabría la puerta
dejando ver a contraluz tu figura hacerse menos,
es más que eso, es tu cuerpo aún en sueños
surcando la humedad de los pasillos.
Es la humedad del campo,
o eres tu el olor a heno,
a madrugada de invierno,
a instinto largamente sometido.
Al abrir mis ojos estaba claro,
se hizo la luz en ellos silenciosa.
Ni una huella habiá quedado de tus pasos,
en la sombra redentora de mi almohada.
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