miércoles, 27 de julio de 2011

KARENIZA

Dicen que los poemas se construyen
con el tiempo, otros dicen que brotan de la nada,
en una especie de big- bang.

Yo la pienso por la noches,
acaricio una hoja de su recuerdo
que guardo bajo la almohada antes de dormir.

La imagen inerme de su faz,
es fortaleza a mis arrestos, me estruja.
Relámpago en la colina más alta del mundo,
larga tempestad.

Ella es el origen de mis vuelcos,
de mi ansia y no dormir,
soy el que recoge  sueños, muecas.

El hombre que hace de un atisbo de sonrisa
un arcoiris, el  que transforma la unión corporal
en vasta frenesí, bajo una noche de estrellas.

Luz de luna, sol de todos los días,
yo respecto a ti, al igual que al sol,
no debería amenazarte, pero necesito tu calor.

Sirva este poema enamorado
para decir sin decir los que a mi boca embriaga,
que mi amor irreverente en colosal arrojo
puede ante tu piel abalanzarse.

Llevo tu amor atravezado en tus sentidos,
no conocí amor tan azaroso,
será que el sortilegio a mi alma no concierne.

La quiero con el claro de la luna,
se ha metido en mis labios,
no seré yo quien ahogue, cual ánima nocturna
la fuente del deseo, corazón de los serenos.

El aire del norte se escabulle entre tus manos,
¡Que lindas tus mejillas de arrebol!
será que a las fuerzas naturales son ajenos
será que no seré la luz que tu pupila reflejó.

La he visto caminar descalza entre luces,
de noche, bailando la danza de las aves,
la modernidad no escapa a su derroche,
te deshace, nos hace caer de la mano
de un gigante a la desgracia de no verte.

No mires así a los hombres, dulce Kareniza,
no alimentes con miradas su arrogancia,
quieta, ve despacio entre las calles.
Abre los ojos del alma, lo más hermoso del amor
es aquello que nunca ocurre, que nunca acaba.

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