Selvática cascada de humedad
que emana de tus hombros bordados a mano,
detrás de la pared, una sonrisa de crisol aparece vacilante
y el resplandor del cielo se envejece si lo miras.
Desde que no estás las letras que había en mi vasija se agotaron,
te quiero de aquí hasta donde estés,
tan lejos.
Envío para ti un beso envuelto
en el más profundo de mis sueños,
con el viento desacelerado de esta noche silenciosa.
Dicen los escépticos que nadie regresa de la muerte,
que no hay nada después, no lo sé.
Hay quienes se aferran a la vida a fuerza de repetición,
tres veces al día.
Hay quienes como yo, sin ti, viven de rutina;
muriendo todos los días.
Hay quienes ven venir el tiempo
como un yunque pesado sobre sus espaldas,
y no quisieran que llegara sin haber logrado nada.
Y entonces todos quieren multiplicarse
y entenderse y amar y decir y no morirse,
no todavía.
Prosa, verso, ironías de la vida.
Escribir, cómo escribir sin vivir nada,
vejación absoluta, sólida y salada.
Mácula prolongada de la cara de la esencia humana.
Siniestra actitud de descomponer
la realidad en gajos a modo de naranja.
Entonces cualquiera haría de la vida un cuento de idilio,
y todos son el mejor y todos han vivido demasiado.
Nadie escucha,
poco vive el que no quiere morir nada.
Chillazon de las arterias, sublime palangana, nada, nada.
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