domingo, 10 de julio de 2011

FLOR DE HUIRAMBA

Quiero descansar y saber a donde ha ido, a donde la llevaron mis andanzas, ella supo de mi amor al pasado, mi aversión al futuro y el desatino de todos mis presentes.

Flor de Huiramba, a la luz de la luna tus ojos brillaban como los del siervo.
Al compás de la música el olor de tu cabello disipo las dudas y aplazó las noches.

¡Ella supo que algún día escribiría estas letras¡

A donde estés el pensamiento se empeña en responderte.
Si pudiese guardaría en un baúl de los recuerdos aquella caminata, eres árboles, tierra húmeda, musgo y utopía.

Eres como la senda andada vista desde atrás, que siempre duele, que siempre guía…
¡Maldita soledad la de esta noche, me ha hecho escribir¡
Yo fui entre sus ropas un hombrecillo diminuto que recorrió la palma de su mano.

Ella fue para mí como la gota tibia de rocío que amanece entre los campos.

Fuimos el uno para el otro una tarde de plaza.
¿Cómo nombrar aquello que sentimos?, ¿Cómo nombrarte?
Lejana y triste flor de Huiramba…
Entre ella y yo no hubo preguntas ni respuestas, no hubo días, no hubo desaliento.

Desconozco tus razones tanto como tu apellido,

Rozagante y ajena flor de Huiramba.

Ella aparece sin aviso porque en mi corazón mueve sangre y arde en mi cuerpo.

La veo venir y pasar, a lo lejos retrocede y mira altivamente, sonríe con esa sonrisa que deshace los portentos, para emprender después la huida entre la lluvia de tejados.

Práctica, fugaz e incompresible penumbra de Huiramba.

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