La medida ocasional
De curvatura femenina,
La medida de una sociedad
Que se despierta en muros,
La ingenuidad de una persona
Afrodisíaca que sujeta la etiqueta.
En medio de ellos, hombre, mujer,
Abuelo, niño, pueblo y arrebato, tú y yo.
De todos los malos momentos
Me conjuro, autor intelectual
De todos los disturbios me declaro.
De ser cadena revolucionaria
Nunca me arrepiento, peleamos
Aun la revolución interminable
A sol y sangre por las calles.
Peleamos en el hambre sin sol ni calendario,
No hay nada más mortal
Que los descansos absolutos,
Que el descanso inmerecido,
Del descanso sin luchar batallas,
De batalla que no libra los disparos,
Luz de ciudadela de los barrios
Pobres, tan tibios y tan finos tus colores.
Salón México, can-can
y Maria Eugenia de todos los sabores.
Humo que sale del antro, del cigarro
Y los cuetazos del asalto.
Ciudad sin nada que soñar,
Te sueño en campos de hortaliza derramada,
En fardos de sueños de alegría,
Sin manos guerreras, ¡Qué melancolía!,
Ciudad de piedra que te enlodas
Cuando aquellos que se dicen héroes
Te posan en su pecho como banda.
Espejo tricolor, bifronte, sombra y delantal
Que muere en el camastro de la nada.
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